Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris yoga sutras. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris yoga sutras. Mostrar tots els missatges

divendres, 6 de març del 2020

Niyama

Avui us deixem l'article del passat mes de desembre que vam publicar a la Revista Integral

NIYAMA: La psicología básica del yoga.

Por Àlex Costa i Mònica Calvo

En la revista del pasado mes de octubre, hablamos de las actitudes del yoga para una mejor convivencia, los yama, que forman la base del yoga y son el primer precepto a tener en cuenta en la vía de los 8 pasos del yoga, para conseguir una mente tranquila y calmada. (Yogasutra de Patañjali, siglo II d.C.)
En esta ocasión exponemos el siguiente paso, los niyama. Se trata de cultivar 5 actitudes o valores hacia una misma para el desarrollo personal y el logro nuestros objetivos. Algunos autores se refieren a los niyama como las condiciones de salud psicológica básicas para mantenernos en equilibrio. Y son la base para conseguir una buena práctica personal o cualquier otro propósito de vida. Al final, todo ser humano aspira en último lugar a la felicidad y a la tranquilidad del espíritu. Contemplar niyama ayudará a recorrer ese camino.

Los cinco niyama son: Saucha (purificación e higiene), Samtosha (actitud positiva), Tapas (disciplina), Svadhayaya (autoconocimiento) y Ishvara Pranidhana (desapego o fe).

Saucha

Significa pureza, referida tanto al cuerpo, a la mente como al entorno que habitamos.
El Yoga es principalmente un método de purificación física y mental. Cuando la mente calla, la consciencia se hace más presente. Este niyama hace énfasis en “limpiar” todo aquello que tapa nuestra propia luz interna, ya sea una tensión interna, un pensamiento o una creencia.
La práctica de Saucha incluye la alimentación correcta, ingiriendo aquello que sienta bien a nuestro cuerpo y evitando lo que nos intoxique y entorpezca el proceso de eliminación de residuos. Cuando esto ocurre, tarde o temprano aparece el malestar o la enfermedad.
En yoga hay varios métodos (shatkarma) para purificar el cuerpo: ayunos, limpiezas del tracto digestivo, respiratorio, de la piel, etc. Si te interesan, antes de ponerlos en práctica asegúrate de estar siempre acompañada de un buen maestro en la materia.
Saucha también se refiere a no contaminar la mente, evitando aquellos pensamientos que nos limitan y nos dañan a nosotros mismos o a los demás (como los rumores, las críticas, etc.). A medida que vamos limpiando los pensamientos “el spam mental”, ganamos en claridad, creatividad y vamos dejando que nuestra conciencia se ilumine y se expanda. Tomemos el ejemplo de una bombilla sucia de barro. Al principio no podremos ver su luz interior. Incluso podemos llegar a pensar que la bombilla está defectuosa. Pero, a medida que vamos eliminando todas las capas de suciedad, la luz podrá expandirse. El Yoga, con este niyama, nos enseña que todos tenemos la capacidad de brillar, todos somos parte de la Conciencia. Solo es cuestión de eliminar aquello que impide que la luz se manifieste.
Es obvio que en un espacio limpio y ordenado nos sentimos mejor que si no lo está. De hecho, la práctica de ordenar y limpiar nuestro entorno nos ayuda mucho a poner orden y limpieza en nuestro interior.
En la tradición, primero se limpia el templo, para luego orar o realizar un acto sagrado. Para acercarnos a lo divino de nuestro interior también debemos preparar el terreno, limpiando y ordenando. Nuestro entorno, nuestro cuerpo y mente forman el templo a través del cual nos acercarnos a lo sagrado. Saucha es, en sentido profundo, esa disponibilidad en la búsqueda de luz interior.


Samtosha

Se traduce por contentamiento o satisfacción.
Dice la tradición “Cultivando Samtosha conseguimos una felicidad incomparable”. Y es que se trata de encontrar el estado de satisfacción con lo que nos da la vida en cada momento, agradeciendo lo que hay en el ahora. Y es que “si la vida te da limones, haz limonada”.
Samtosha es el desarrollo de ese pensamiento positivo que nos ayuda a ver lo mejor de cada momento, evitando la queja o el disgusto que aparecen por el exceso de expectativas o creencias de “como debe ser la realidad”. Puesto que la mayoría de veces, la realidad es la que es, sin que podamos hacer mucho al respecto. Lo que sí podemos hacer es elegir cómo vamos a gestionar esas circunstancias que nos han tocado vivir.
Normalmente tendemos a ver solo una parte de la realidad. Cuando las cosas no son como queremos, Samtosha propone abrir nuestra visión para alcanzar aquello positivo que tiene toda circunstancia. Muchas veces requerirá una lectura diferente de lo que nos está ocurriendo, para poder apreciar el regalo oculto o el aprendizaje de una nueva experiencia que tarde o temprano acabaremos por descubrir. Poder cambiar el prisma de nuestra percepción frente a las circunstancias difíciles, con sentido del humor, captando lo positivo y no lo negativo, nos dará la energía necesaria para superar los problemas y para encontrar soluciones creativas, en lugar de focalizarnos en la queja y la amargura. Con la práctica de Samtosha aprenderemos a disfrutar de una infinidad de pequeñas cosas que nos ofrece constantemente la vida, sabiendo que la alegría interna, es independiente de las circunstancias que nos rodean.

Tapas

Se traduce por disciplina o austeridad. Es una especie de “calor” interno que surge de una práctica intensa.
Para conseguir cualquier objetivo en nuestra vida, unas claves importantes son la disciplina, voluntad y constancia. La disciplina es necesaria para ser coherentes con nuestros propios valores y metas vitales. En todo camino o reto que nos planteemos, tarde o temprano aparecen la desidia, el cansancio, las excusas, etc… Y es ahí, cuando aparece el enemigo interior, que resulta más necesaria que nunca la autodisciplina. Solo con voluntad y constancia de volverse a levantar después de cada caída, y seguir haciendo camino, podremos llegar allí donde deseamos.
Practicar Tapas conlleva el control de nuestros deseos y apegos, del que hablábamos en el artículo anterior. Es necesario saber reconocer el deseo y poder moderarlo para que no vaya en nuestra contra. Un ejemplo muy simple: Si estoy a dieta y paso frente a un tentador escaparate de una pastelería, Tapas me daría la fuerza interna para poder reconocer ese deseo y trascenderlo, sin afectar así a la dieta que estoy haciendo, y no darle muchas más vueltas a la cabeza.
Aunque en términos generales la disciplina pueda parecer dura, la buena noticia es que a medida que más se practica Tapas, más crece nuestra fuerza interior, más energía tenemos y con más facilidad adquiriremos dicho control interno. De hecho, a medida que practicamos, nos vamos sintiendo mejor, recuperando nuestro poder personal y convirtiéndose en una aliada imprescindible para acompañarnos en el camino de vida.
Pero hay que andarse con cuidado para que la disciplina no se convierta en una neurosis ni en un ascetismo sin sentido. Tapas siempre debe basarse en nuestro propio autoconocimiento, contemplando el respeto de nuestros límites y el equilibrio con el goce de simplemente vivir.

Svadhayaya

Se traduce por autoconocimiento y estudio.
Retomando el ejemplo de la luz de la bombilla: necesitamos conocer las capas de suciedad que impiden que nuestra luz interna emerja. Y esas capas de suciedad son lo que conforma nuestro carácter. La tradición del Yoga nos dice que el sufrimiento empieza cuando confundimos nuestro verdadero Ser con nuestra personalidad o estructura mental. Esta personalidad está formada por creencias culturales, miedos, recuerdos del pasado, hábitos, apegos, heridas, carencias, etc. Poder reconocer nuestra sombra es el primer paso para poder “reeducarla”, ganando así en libertad de elección.
En la antigüedad el Svadhayaya se practicaba mediante el estudio y la transmisión de los textos sagrados de maestro a alumno. Ahí, el Guru conocía bien a su discípulo y podía ayudarlo a reconocer las claves de su carácter que le impedían alcanzar la iluminación.
Hoy en día, en nuestra sociedad occidental no se estila este tipo de relación. Pero por suerte tenemos terapeutas de diversas disciplinas (Gestalt, Transpersonal, Sistémica, etc.) que pueden ayudar a enfrentarnos con todo aquello negativo que acarrea nuestro carácter, y que nos impide evolucionar como individuos.  También disponemos de miles de obras publicadas, antiguas y modernas, de las que podemos obtener mucha información para nuestro camino de autoconocimiento.
No hay excusa: para evolucionar en el camino del Yoga es necesario ser honestas con nosotras mismas, tomar consciencia de en qué parte del camino vital estamos, cuáles son nuestras potencialidades y cuáles son los palos que bloquean las ruedas que nos impiden brillar.

Ishvara Pranidhana

Se traduce como devoción o meditación en la divinidad. Y es que, después de todo lo anterior, toca reconocer que no tenemos el pleno control sobre lo que nos sucede. Por lo tanto, también hay que saber dejar caer objetivos, anhelos y chantajes a la vida, rindiéndonos a lo que Es.
Debemos reconocer que en este mundo hay un orden superior que todavía no logramos entender, que todo tiene un ritmo y un momento adecuado. Soltar metas para vivir en profundidad el presente, sabiendo que nosotros ponemos toda la carne en el asador, y a pesar de ello, “será lo que Dios quiera”. Saber que somos un pequeño granito de arena, en el Universo, sintiéndonos parte de él.
De esto se trata Ishvara Pranidhana: de dar lo mejor de cada una, sin esperar resultados a cambio, confiando y permitiendo que sea lo que la vida haya decidido que sea. Una mezcla de fe y desapego que nos libera de culpas inútiles y nos permite aceptar lo que hay en cada momento, acercándonos así a lo divino que habita dentro y fuera de nosotros.

Concluyendo, al tener en cuenta los 5 yama y 5 niyama nos hacemos responsables de nuestra propia evolución y salud como personas, cuidando tanto el cuerpo, como la mente y el entorno que habitamos. 
Om santih “paz para todos los seres”.

dijous, 10 d’octubre del 2019

YAMAS: Actituds per la convivència


Avui us deixem l'article que hem publicat aquest mes d'octubre a la Revista Integral.



YAMAS «Actitudes del Yoga para la convivencia»

Por Mònica Calvo y Àlex Costa


Vivimos en un mundo dónde la mente agitada, los deseos y los miedos dirigen nuestras vidas, provocando escasez de calma y claridad. Muchas personas se acercan a la práctica del yoga u otras disciplinas psico-físicas buscando herramientas que faciliten la gestión mental a sabiendas de que está en juego nuestra salud y bienestar general.

Cuando vamos a clase de yoga, realizamos ejercicios corporales, respiratorios y de control mental, y en el mejor de los casos logramos episodios cortos de lucidez meditativa. Terminada la práctica, sentimos el cuerpo más liviano y enérgico, la mente tranquila y el ánimo alegre. Pero ¿cuánto va a durar este resultado? El retorno a lo cotidiano vuelve a sacudirnos. Los deseos insatisfechos y las aversiones siguen presionando… Y en el fondo, todo sigue igual. No hay transformación verdadera.


Quienes con la práctica de yoga pretenden encontrar una vía de escape frente al caos interno, suele pasar que caigan en el desánimo, cansados e insatisfechos por la falta de resultados satisfactorios, se dirán: el yoga no me funciona… y acabaran abandonando la práctica. ¿Qué es lo que ha ido mal? ¿Por qué no conseguimos que esa paz que vislumbramos en las sesiones de yoga se traslade a nuestra vida diaria? ¿Cómo es que seguimos tropezando siempre con la misma piedra?

Y es que muchas veces los profesores de yoga no acertamos en transmitir las bases fundamentales de la enseñanza, quedándonos solamente en el plano físico, respiratorio y con unas pinceladas en el aspecto mental. Solemos dar las herramientas sacándolas de contexto. Pero es necesario el contexto entero para que funcione.

El yoga es una disciplina muy antigua para controlar y purificar la mente, cuyo objetivo último es la realización del máximo potencial del ser humano que nos conduzca a la felicidad (vista como ausencia de sufrimiento).  Muchas personas lo han recorrido antes y han demostrado su éxito a través de los años. Es el caso de Patañjali (siglo II d.C.) a quien se le atribuye un importante tratado titulado Yogasutra «Aforismos del yoga». Se trata de una compilación de las enseñanzas del yoga donde se expone el astanga-yoga «yoga de los ocho elementos»:

1. Ética hacia el mundo (Yamas)
2. Ética hacia nosotras mismas (Niyamas)
3. Trabajo corporal (Asana)
4. Trabajo respiratorio / energético (Pranayama)
5. Control e interiorización de los sentidos (Pratyahara)
6. Concentración mental (Dharana)
7. Meditación (Dhyana)
8. Contemplación (Samadhi)

Patañjali propone recorrer estos ocho pasos en paralelo. Pero es fundamental empezar con una ética, una disciplina moral ante la manera de tratar al mundo (yama). En este artículo nos proponemos explicar de forma sencilla este primer paso: las bases éticas del yoga que todo practicante debe aplicar en su práctica personal, y por supuesto en su día a día.

1.YAMA:  Ética hacia el mundo

Es evidente que si queremos tener una mente en paz será mejor que nuestras acciones y pensamientos estén alineados con este objetivo. Frecuentemente aquello que nos causa sufrimiento es fruto de nuestras acciones, que a su vez nacen de la estructura de nuestra mente.   

Yama se pueden considerar como las normas de convivencia básicas para podernos manejar con el mundo de una manera más justa y equilibrada. Son el pilar de la práctica y nos ayudan a simplificar la vida y a tomar las decisiones correctas. Esta ética consta de 5 preceptos:  respeto, sinceridad, honestidad, contención y austeridad.

1.1 AHIMSA (Respeto)

El respeto, la no violencia, es la base fundamental del Yoga. Es obvio que la violencia, de cualquier tipo, siempre causa sufrimiento, tanto en la victima como en el agresor. El racismo, el machismo, la homofobia, etc.; el sentirse superior a los demás y el radicalismo no son más que violencia basada en miedos a la diferencia, obstáculos que nos alejan del mundo real y nos impiden acceder al verdadero conocimiento.
Todas las personas llevamos la semilla de la violencia en nuestro interior. En el yoga, se trata de tomar consciencia, observar su origen y erradicarla de nuestras acciones, palabras y pensamientos, entendiendo que todo y todos tenemos nuestro lugar en el mundo. Cultivar ahimsa conlleva tomar consciencia también de las microviolencias cotidianas, tan frecuentes en todas las relaciones, en especial con los niños, mujeres y ancianos, pero a menudo aceptadas por la sociedad.

La práctica de Ahimsa también tiene que ver con el respeto a una misma: ¿Respeto mis límites? ¿Me escucho y realmente hago lo que quiero hacer? ¿Me hablo mal a mí misma cuando me equivoco? Etc.  Cultivar esta virtud hacia una misma nos ayudará a querernos más y encontrar nuestro camino.


1.2 SATYA (Sinceridad y coherencia)

En el camino hacia la felicidad no hay lugar ni para la mentira ni para el autoengaño. Mentir y sostener la falacia nos roba energía y paz mental. La única manera de llegar a nuestros objetivos vitales es siendo sinceras y coherentes.  Esto conlleva escuchar y armonizar la voz de nuestro corazón con nuestros pensamientos, palabras y acciones. Sentir, pensar, hablar y actuar en la misma línea. Para esto es necesaria una buena dosis de valor, honestidad y humildad, que seguro nos llevara a la paz con nosotras mismas. Solo desde la autenticidad podemos desarrollar todo nuestro potencial.

1.3 ASTEYA (Honestidad)

No apropiarse de lo no te pertenece. Ser honestos con el pan que nos ganamos cada día, sin robar lo que es de los demás; implica tener confianza en que siempre vamos a tener lo necesario para vivir. Ese mínimo necesario es mucho menor de lo que nos parece. Pero Asteya no solo se refiere a los bienes materiales, también se refiere al amor, al tiempo, a la imagen, etc… Es el arte de saber qué nos corresponde y qué no, sin dejarnos limitar por falsas creencias. La práctica de asteya nos deja un tesoro muy valioso: la confianza plena de quienes están a nuestro alrededor.

1.4 BRAHMACARYA (Contención)

Normalmente el deseo se nos lleva por delante. Brahmacarya se refiere aquellos deseos e instintos que nos cuestan controlar y nos traen más problemas, en especial el sexual. Vivir una sexualidad sana, libre, sin que dañe a nadie (ni física ni emocionalmente), sin tabús y de manera honesta, es todo un reto en esta sociedad hipersexualizada que antepone el placer a la integridad. Este yama nos propone tomar consciencia de nuestras bajas pasiones y saberlas encauzar de manera que todos podamos gozar de más energía y salud.

1.5 APARIGRAHA (Austeridad)

El exceso siempre es causa de desequilibrio y dispersión. Date cuenta de todo lo que hay en tu vida que en realidad no necesitas, tanto a nivel material como inmaterial.  El marketing puro y duro nos ha llevado a crear necesidades falsas y a caer en excesos de todo tipo: comida, ropa, información, actividades de ocio, y bienes materiales diversos. Nos hemos acostumbrado a tener mucho y valorar poco; a comprar, usar y tirar. Incluso, muchas veces nuestra autoestima se basa en “cuanto tengo” (dinero, propiedades, seguidores en las redes sociales...) Y así, a base de consumir, hemos generado una gran cantidad de basura y contaminación que nos ha llevado a una gran desigualdad social y a la actual crisis climática.
Todo aquello que poseemos (ya sea tangible o intangible) necesita de un cuidado y una atención que muchas veces nos aleja de lo que es verdaderamente importante. Tenemos tanto que muchas veces nos sorprendemos a nosotras mismas dedicando mucho tiempo a lo superfluo y muy poco a lo fundamental (cultivo y cuidado de una misma, de la familia, las amistades, o de aquello que realmente nos nutra el alma).
Cultivar aparigraha es vivir según el lema de “menos es más”, liberándonos de cargas pesadas que nos distraen, pudiendo gozar del tiempo para lo que de verdad nos importa y da sentido a la vida.
Cuando por fin logramos librarnos de todo lo que nos sobra, nos sorprende una grata sensación de espacio interno. Aparigraha es el arte de cuidar ese espacio, volviéndolo sagrado, y encontrando el equilibrio interior.